Incendios forestales en Chile: millones en gasto público, promesas repetidas y un problema que ningún gobierno logra resolver

Cada verano, Chile enfrenta el mismo escenario: incendios forestales activos en varias regiones, alertas rojas, viviendas amenazadas, evacuaciones y un Estado reaccionando contra el tiempo. Pasan los días, el fuego cede, comienzan los balances y se repite el libreto: anuncios, promesas de cambios estructurales y llamados a la prevención.

Pero cuando vuelve el calor, todo vuelve a empezar.

La pregunta que se instala con fuerza ya no es climática, sino política y estructural:
👉 ¿Por qué, pese a los recursos destinados y a las promesas de todos los gobiernos, los incendios forestales siguen causando el mismo daño todos los años en Chile?

Incendios activos hoy: una crisis que se repite sin sorpresa

Durante las últimas semanas, distintas regiones del país han debido enfrentar incendios forestales en combate y control, con especial preocupación en zonas de interfaz urbano-rural, donde el fuego avanza directamente hacia viviendas.

Las altas temperaturas, la sequía prolongada y el viento explican parte del fenómeno. Sin embargo, ninguno de estos factores es nuevo. Chile sabe que cada verano enfrenta condiciones de alto riesgo y, aun así, la respuesta vuelve a ser tardía y reactiva.

Esto instala una duda legítima en la ciudadanía:
Si el riesgo es conocido, ¿por qué el sistema sigue colapsando cada temporada?

¿Cuánto dinero se gasta realmente en incendios forestales?

En los últimos años, el Estado ha incrementado de manera sostenida los recursos destinados al combate de incendios forestales. Organismos como la Corporación Nacional Forestal y el sistema de emergencias han visto aumentos en:

  • Presupuesto anual
  • Número de brigadistas
  • Flota aérea
  • Contratos de apoyo logístico

A esto se suman gastos posteriores en:

  • Reconstrucción de viviendas
  • Bonos de emergencia
  • Apoyo a familias afectadas
  • Recuperación productiva

Pese a ello, el impacto de los incendios no disminuye de forma significativa.

👉 La discusión de fondo ya no es solo cuánto se gasta, sino cómo se gasta y con qué resultados.

Prevención: la deuda estructural que nadie enfrenta a fondo

Uno de los consensos técnicos más claros es que la prevención es más efectiva y menos costosa que el combate, pero sigue siendo el eslabón más débil del sistema.

Problemas que se repiten año tras año:

  • Falta de cortafuegos bien mantenidos
  • Crecimiento de viviendas en zonas de alto riesgo
  • Escasa fiscalización a predios forestales y agrícolas
  • Poca educación preventiva en comunidades rurales
  • Limpieza insuficiente de material combustible

Ejemplo simple:
Si una población colinda con cerros cubiertos de pastizales secos y no existe una franja de seguridad, el incendio no es una posibilidad, es una certeza.

¿Falta de recursos o mala utilización de los recursos?

El aumento sostenido del presupuesto obliga a reformular la pregunta clásica.

👉 ¿El problema es realmente la falta de recursos o la forma en que estos se utilizan?

Las críticas apuntan a:

  • Estrategias centradas en apagar incendios, no en evitarlos
  • Evaluaciones poco transparentes del gasto
  • Falta de indicadores públicos de efectividad
  • Escasa rendición de cuentas una vez pasada la emergencia

En la práctica, el éxito se mide por apagar el fuego, no por haber evitado que ocurra.

Coordinación institucional: muchos actores, pocas responsabilidades

La gestión de incendios involucra a múltiples instituciones: CONAF, municipios, gobiernos regionales, sistema de emergencias, Bomberos y, en algunos casos, Fuerzas Armadas.

Si bien existen protocolos, la coordinación suele tensionarse cuando hay múltiples focos simultáneos, generando:

  • Respuestas tardías
  • Decisiones fragmentadas
  • Responsabilidades políticas difusas

Una vez superada la emergencia, nadie asume costos políticos concretos.

Todos los gobiernos, el mismo discurso

Los incendios forestales atraviesan administraciones de distinto signo político. Cambian los gobiernos, pero el discurso se mantiene:

  • “Se reforzará la prevención”
  • “Se aprenderán lecciones”
  • “Se invertirá más el próximo año”

El problema es que las reformas estructurales nunca llegan a consolidarse, y el tema pierde prioridad hasta el siguiente verano.

El costo que no se mide en cifras

Más allá del presupuesto, los incendios dejan consecuencias profundas:

  • Familias que lo pierden todo
  • Comunidades desplazadas
  • Daño ambiental irreversible
  • Economías locales destruidas
  • Desconfianza en la capacidad del Estado

Costos humanos y sociales que no se resuelven con bonos ni anuncios posteriores.


🔎 Conclusión abierta

Los incendios forestales en Chile ya no pueden explicarse solo por el clima. La recurrencia del desastre revela fallas estructurales en prevención, planificación territorial y uso de recursos públicos.

Mientras el debate siga centrado en reaccionar y no en anticiparse, el país seguirá viendo cómo cada verano el fuego arrasa con todo y las soluciones se quedan en palabras bonitas.

La pregunta sigue abierta:
👉 ¿Chile seguirá apagando incendios cada año o enfrentará, de una vez, el problema de fondo?


📌 Fuentes institucionales consultadas

  • Corporación Nacional Forestal (CONAF)
  • Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres
  • Informes públicos de temporadas de incendios forestales
  • Análisis técnicos sobre prevención y gestión del fuego

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